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El discurso histórico de la enseñanza de la Historia

            La historia es una disciplina que estudia en las transformaciones humanas, efectuadas en un espacio determinado y en tiempos sociales particulares o característicos de las personas que la construyen. El discurso histórico en la enseñanza de la historia surge a partir de la interpretación de los hechos, los procesos y los personajes que tiene quien lo genera, responde también a sus intereses sociales y políticos, por eso no es correcto caer en el “maniqueísmo absurdo” (Bracho, 1995: 17) de caracterizar un discurso como mejor que otro, porque el discurso también es lo que no se dice, lo que se omite, por ejemplo, los documentos históricos dicen lo que no dicen también.

            Por lo tanto es necesario el análisis, el estudio y la deconstrucción del discurso histórico y que, éste a su vez sea complementado con nuevas propuestas, siempre ofreciendo una explicación basada en los porqués; no solo en los cómo, cuándo, dónde y cuál.

            Podríamos empezar por revisar la producción cultural tangible de nuestra sociedad y transformar este conocimiento en fuentes alternativas en la construcción de los discursos históricos, por ejemplo: las artes, la oralidad, las literatura, la exposiciones de los museos, los monumentos memorables, los mapas antiguos e históricos[1]; videos, sonidos, producciones de medios de comunicación interactivos, audiovisuales e impresos, imágenes, iconos, iconografías, infografías, leyes, etcétera.

            Como fuentes históricas ameritan lecturas críticas, porque reflejan la historicidad de los sujetos sociales que las produjeron. Además, se convierten en herramientas propicias para enriquecer el proceso de enseñanza-aprendizaje, porque son útiles al momento de formular nuevas estrategias y recursos para el aprendizaje.

En esta medida, se rompe con el dictamen de que la única fuente válida para la construcción de la historia es la escrita. Aunque, no se trata de que seamos contrarios a las fuentes escritas, sobre todo las de primera mano, pues todo investigador-historiador-profesor de historia debe conocer y adentrarse en los archivos porque en ellos se encuentra la información que sirve le sirve para crear y construir un discurso si se quiere original, porque lo que haga no se verá influenciado por segundas opiniones e interpretaciones al respecto.

En la construcción de los discursos históricos y los contenidos para su enseñanza es necesario separarse de la creencia de que los materiales para enseñar historia a niños son un libro de adultos hecho con dibujos y caricaturas y un mensaje en un lenguaje un poco insulso; también es necesario entender que todo hecho histórico va más allá del tradicional esquema “causas-desarrollo-consecuencias”.

En la medida en que profundicemos en esta práctica se irán superando vicios tales como la omisión, la invisibilización, la preterización y la naturalización de individualidades y colectividades sociales, hechos y procesos históricos.

El discurso histórico dirigido por igual tanto a estudiantes, por muy jóvenes que sean, como a especialistas, debe llegar sin perder la profundidad y el sentido crítico. Tal como señala Marc Bloch en su obra Introducción a la historia (2010) “no alcanzo a imaginar mayor halago para un escritor que saber hablar por igual a los doctos y a los escolares” (p. 9).

Por último, el discurso histórico puede adaptarse, atenerse y competir en los tiempos de síntesis del lenguaje, éstos en los que manejamos gran cantidad de información a través de los mensajería de texto, mensajes inbox, chats, mensajes publicitarios cortos, intercambios de muchas imágenes, es necesario revisar el mensaje que se envía al enseñar historia y, sobre todo, la forma en la que se comunica.

 

Referencias:

BLOCH, M (2010). Introducción a la Historia. Buenos Aires: Siglo XXI.

BRACHO, J. (1995). El positivismo y la enseñanza de la historia en Venezuela. Caracas: Tropykos.

Coordinación de Aesoría y Enseñanza de la Historia



[1]          La diferencia entre los mapas antiguos y los históricos es que los primeros son aquellos diseñados en su propio tiempo histórico que aún existen como legado de alguna sociedad en particular, y los mapas históricos, son construcciones actuales de la historia sobre croquis o representaciones del espacio geográfico actual.

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